jueves, 23 de octubre de 2008

Amores perros














Me ve llegar, le canto y brinca, brinca, da vueltas a mi alrededor, me huele, sube sus patas en mis piernas, trata de alcanzarme y brinca lo más que puede. Cada vez que voy a casa de mi mamá, ese es el recibimiento que me da "el oso". Nació el 7 de mayo, es todavía pequeño, sin embargo lo veo y veo que ha crecido rápidamente, ya no es el cachorrito ese que cargaba entre mis brazos y se quedaba quieto, ya pesa más, es más inquieto, pero eso sí, si estoy cerca pasa la mayor parte del tiempo entre mis pies. Si han habido algunas mascotas que recuerdo con cariño, incluso algunas que no eran mias pero con las que me encariñé, recuerdo cuando vivía en Mazatlán al pony que era de unos vecinos, y ya aquí en la Juárez a la negra y al lorenzo. Sin embargo hay una persona que me ha enseñado a querer más a los animales, me gusta la forma en que habla de ellos, en que los cuida, en que los quiere. Además de esa persona, también en el trabajo tengo una compañera al lado que tiene una galería fotográfica de perros, imposible no voltear a verlos cuando uno pasa por ahí. Por el espacio donde vivo y por no tener tiempo no tengo mascotas más que una docena de peces a los que alimento dos veces al día y que me chantajean cada que me acerco a la pecera a ver si les doy más. El oso vive en casa de mi mamá, pero por diversas circunstancias lo tuve conmigo cuando era más chiquito y fue imposible no agarrarle cariño a ese cachorrito, no pude evitar llorar cuando se enfermó y parecía que se iba a morir pues ni siquiera de las inyecciones se quejaba. Vaya, en parte nos debe a mi y a mi hermana el no dejarlo morir. Es un juguetón, conchudo, consentido, pero es todo un gusto jugar con él y agarrarle su pancita. Cuando estaba más chico le tomaba muchas fotos, últimamente es casi imposible pues no se quita de mis pies y no se está quieto. Una mascota requiere alimentación, un lugar apropiado para desarrollarse, pero sobretodo mucho cariño. Vaya si aprecio ahora más las mascotas, que tiempo atrás no hubiera ido al cine a ver una película de perros, y ahora hasta fui a ver "Un Chihuahua en Beverly Hills". Aún no le he perdido el miedo al perro que cuida afuera de mi casa y alguna vez me mordió, pero por lo menos cada que salgo le hablo con cariño. No creo que tendría un patio lleno de perros o gatos, pero si me gustaría tener por lo menos una mascota ya que se pueda, por lo pronto, todo mi cariño perruno lo descargo con el oso.

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