domingo, 23 de noviembre de 2008

Los placeres del oído


Escuchar quedito es un placer, dulce o tremendo, pero placer en suma. Las palabras importan, y mucho más de lo que creemos. La palabra en el momento erótico alude a algo imposible, sugiere y susurra quedito lo que nos gusta, nunca es real, por supuesto, porque de eso se trata. Al odío soñamos ser lo que no somos. La palabra va directa al cerebro, y éste sueña, fabrica fantasías, y la fantasía constituye al sexo humano.
El gemido de placer que escucha el amante es la confirmación nel gozo, la prueba de que ahí ocurre algo.
(Líneas extraídas del libro Versiones y Perversiones, de Anabel Ochoa)

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