miércoles, 5 de noviembre de 2008

Gajes del oficio

Me dejaron con la palabra en la boca, "No vuelva a llamar, Dios la bendiga" y colgó. Claro antes de eso dijo que si lo que quería era vender más periódicos, que porque no reporteaba sobre los que balacean todos los días, en lugar de dejar descansar a los que ya están muertos y enterrados. De la mejor manera le había solicitado la información, simplemente quería platicar sobre su hija de 14 años que murió balaceada afuera de su casa. Me había dicho que sí, pero luego sentí que me sacó la vuelta, hasta que me colgó el teléfono. No la juzgo, yo en su lugar quizá hubiera hecho lo mismo. Es difícil remover esas heridas delante de extraños. Algunas personas lo han hecho, han compartido conmigo esas historias de sus seres queridos que ya no están aquí, a pesar de que sufrieron una tragedia. Pero en este trabajo, además de que me cuelguen el teléfono he tenido que pasar hasta un portazo. Incluso que nos quisieran correr de una colonia (a mi compañera Laura y a mí) al ir a buscar a la familia de un policía que fue baleado en su casa y que murió junto con su esposa y su hija. Las historias que yo busco no son de quien los mató, sino más bien de quiénes eran ellos. Pero bueno, el intento se hace, la gente está también en su derecho de querer hablar o no. Ahorita, por la ola de violencia que se vive en la ciudad la gente tiene mucho miedo, yo tengo miedo.
Otra de las cosas que me pasó y que no tuve opción, y también me pasó con la Laura, bueno, andabamos en unas colonias lejísimos, Terrazas del Valle 2 y otras invasiones, y me entraron ganas de orinar, la verdad duré mucho aguantándome, y al entrevistar a las señoras me daba cuenta de que en sus casas no había drenaje, total que ni modo, me animé a pedirle chance a una, su casa se veía más grande, de madera hecha por esos grupos religiosos de gringos. Total, que amablemente me dijo que si, pero que estaba un poco sucio, me dieron el papel del rollo. Me señaló el baño, tragué saliva y con temor poco a poco me fui acercando a él, yo sola pensé, qué tan malo puede ser, abrí la puerta y "oh Dios", sucio? Dijo sucio? asqueroso estaba, estuve a punto de cerrar la puerta y decirle ya se me quitaron las ganas, pero yo creo que en ese momento también iba a rodar por entre mis piernas ese líquido que me iba a delatar. Total, que entré, me puse "de aguilita" y mientras por fin descargaba los chorros de orina sentía ganas de llorar, cerré los ojos y traté de hacerlo lo más rápido posible, pero ese chorro como de manguera parecía eterno. Usé papel que yo traía, les regresé su rollo, le di las gracias y ya no me pude concentrar en la entrevista. Salí de ahí, no hallaba a la Laura, pero me alejé de esa casa caminando lentamente, mientras sentía a mi dignidad por los suelos.

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